viernes, 4 de enero de 2019

UN POEMA DE LOVECRAFT EN LA WEB DE LA SECRETARÍA DE MEDIO AMBIENTE DE MÉXICO




En 1918 Lovecraft escribió tres poemas relacionados entre sí bajo el título A cycle of verse (Un ciclo en verso), el primero dedicado al mar (Oceanus, 16 versos), el segundo al cielo (Clouds, 22 versos) y el tercero y último a la Tierra (Mother Earth, 40 versos). Los dos primeros aparecieron publicados en la revista National Enquirer el 20 de marzo de 1919, y el tercero en esa misma revista, en su número del 27 de marzo de 1919. Luego serían publicados en conjunto en The Tryout en julio de 1919. Los tres poemas hablan de forma metafísica de las cosas extrañas que se pueden encontrar en el mar, en el cielo y en la tierra, de donde surgen todos los horrores, al decir de Lovecraft. Lo curioso del tercer poema es que apareció publicado en castellano bajo el título Madre Tierra el 29 de julio de 2018 en el blog de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales del Gobierno de México, uno de los ministerios que forman el gabinete mexicano y encargado de diseñar, planear, ejecutar y coordinar las políticas públicas en materia de recursos naturales, ecología, saneamiento ambiental, agua, pesca y sustentabilidad urbana. La citada entrada del blog, que podéis leer en este enlace, incluye una aclaración sobre el autor del poema, que reproduzco bajo estas líneas, y que dice así:
Gran innovador del cuento de terror. Nacido en Estados Unidos, es autor de novelas y relatos de ese género y de ciencia ficción. Junto con otros escritores, aportó una mitología propia vigente en la actualidad, los mitos de Cthulhu, que crean el horror cósmico literario con elementos de ciencia ficción como razas alienígenas, viajes en el tiempo e incursión en otras dimensiones. Lovecraft escribió también poesía, ensayo y literatura epistolar y es considerado uno de los autores de la literatura fantástica más influyentes del siglo XX.

 El poema de Lovecraft ha sido traducido de la siguiente forma:

MADRE TIERRA

Una noche, vagando, bajé por el talud 
de un hondo valle, húmedo y silencioso. 
Su aire estancado exhalaba un vaho de podredumbre y una frialdad 
que me hacían sentir enfermo y débil.
Los árboles, numerosos a cada lado, 
se cerraban como una banda espectral de trasgos.
Y las ramas contra el cielo menguante 
tomaban formas que me daban aterradoras. 
Sin saber por qué, seguí avanzando.
Parecía buscar alguna cosa perdida 
como la alegría o la esperanza, 
pero pese a todos mis esfuerzos no pude encontrar 
más que los fantasmas de la desesperación.
Los taludes se estrechaban cada vez más.
Pronto, privado de la luna y las estrellas,
 me vi encerrado en una grieta rocosa tan vieja y honda 
que la piedra respiraba cosas primitivas y desconocidas. 
Mis manos, explorando, intentaban rastrear 
los rasgos del rostro de aquel valle,
 hasta que en el musgo parecieron encontrar un perfil espantoso.
Ninguna forma que mis ojos esforzados 
pudiesen captar era reconocible.
Pues lo que tocaba hablaba de un tiempo remoto
 para el paso efímero del hombre. 
Los líquenes colgantes, húmedos y canosos, 
me impedían leer la antigua historia.
Un agua oculta, goteando quedamente,
 me susurraba cosas que no habría debido saber.
...mortal, efímero y osado, guarda para ti lo que cuento, 
piensa a veces en lo que ha sido, 
y en las escenas que han visto estas piedras desmoronadas. 
En conciencias ya viejas antes que tus débiles ancestros apareciesen, 
y en criaturas que todavía respiran 
aunque no parezcan vivos a los humanos.
Yo soy la voz de la Madre Tierra,
 de la que nacen todos los horrores…

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