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lunes, 29 de mayo de 2017

FANZINE "BLAGDAROSS"

Número 1 de Blagdaross.



Entre 1979 y 1980 se editó en Madrid un fanzine casi artesanal dedicado a la literatura de fantasía, que se llamaba Blagdaross (título de un relato de Lord Dunsany de 1908, el nombre de un caballito de madera que representaba los sueños y las ilusiones de la niñez), creado por tres autores actuales muy vinculados a la obra de Lovecraft: el escritor Alberto Santos Castillos, el traductor José María Nebreda y el escritor y editor Pedro Calleja Álvarez, quienes decidieron lanzar la revista en una multicopista del colegio donde estudiaba Calleja, cuando los tres eran apenas unos adolescentes. Se publicaron ocho números de este fanzine mítico, que incluía relatos, artículos y poemas, y lo interesante es que en algunos de ellos aparecieron varios contenidos sobre Lovecraft, traducidos por primera vez al castellano.
Número 8 de Blagdaross.


En el número 1, que tenía 36 páginas, aparecieron dos poemas de Lovecraft (A un soñador y Némesis), el relato La búsqueda de Iranon (traducido por Santos Castillo y Nebreda) y el texto Notas sobre los escritos de literatura fantástica (Notes on Writing Weird Fiction, un breve ensayo de 1937). En el número 2 tenemos otros dos poemas de Lovecraft y el relato Lo que trae la luna (traducido como Que es lo que trae la luna). En el número 3, un poema y el relato La batalla que dio fin al siglo. En el 4, el relato Celephais; en el 7, el texto que Lovecraft escribió en 1936 tras el suicidio de su amigo Robert Howard: In Memoriam: Robert Ervin Howard, y el número 8 y último, publicado en 1980, es el más interesante, porque en una separata de la revista, que constaba de 62 páginas, se publicaron en castellano por primera vez los 36 sonetos que componen los Hongos de Yuggoth, bajo el título de Fungosidades de Yuggoth, traducidos por José María Nebreda, además de Dagón, una serie de ilustraciones del dibujante e ilustrador estadounidense William Stout (n. 1949). En un texto de Alberto Santos titulado Editar a H.P. Lovecraft, que fue incluido en el libro Cuadernos del abismo (2008), sobre el que escribí esta entrada, el autor recordaba aquel fanzine con estas palabras:


A finales de la década de 1970 comenzaron a proliferar los grupos de entusiastas por la ciencia ficción, la fantasía y el terror, y de toda la literatura fantástica. A su vez comenzaron las convenciones, llamadas Hispacones, a estos géneros, donde se mostraba el hambre por saber más de aquello que nos entusiasmaba. En una de aquellas convenciones, celebrada en Madrid, surgió la idea de hacer un fanzine (como sabreis esta palabra viene de «fan», aficionado, y «magazine», revista, es decir, revista de aficionados), junto a mi amigo José Mª Nebreda (hoy traductor y colaborador habitual de la editorial Valdemar, y una de las personas que han hecho posible la edición de los cuentos completos de Lovecraft para la mencionada editorial). Así surgió el fanzine Blagdaross, cuyo nombre era un homenaje al título de un relato de Lord Dunsany, uno de los maestros de Lovecraft. Blagdaross era el nombre de un caballito de madera que representaba los sueños y las ilusiones de la niñez (en Cuentos de un soñador, de Francisco Arellano, Editor). Junto a otro entusiasta en Lovecraft, Pedro Calleja (hoy y siempre, uno de los escritores de la modernidad) lanzamos el fanzine en una multicopista de su colegio donde estudiaba. Estamos hablando de un año, 1979, en el cual los medios eran verdaderamente «arcanos»: se creaban los clichés originales de la multicopista con una maquina de escribir y sin usar cinta, y se preparaban los dibujos (que elaboró el amigo Calleja) con un punzón, raspando sobra el cliché. La tinta incidía sobre lo que había quedado hueco en los originales: letras blancas perfiladas y raspado de punzón, y quedaba impresa sobre el papel blanco. La cubierta fue realizada en fotocopias, que para entonces era lo más de lo más, cuando las máquinas estaban popularizándose entonces. Luego llegaría la imprenta rápida y lo revolucionaría todo.
En el primer número de Blagdaross editamos setenta ejemplares, y junto a nuestros propios artículos, aparecía por primera vez en España La búsqueda de Iranón, relato de Lovecraft de su etapa dunsaniana que Nebreda había traducido como buenamente había podido. Pero lo realmente asombroso, y mágico, de aquel momento, fue lo para mí significó el concepto de la divulgación: lo que un día plasmas en papel, en la soledad, ¡podía llegar a setenta personas! Realmente da igual si son setenta, setentamil o setenta millones, la magia está en la idea: un pensamiento es vertido en el papel, en un acto creativo, y dicho acto toma forma de revista o de libro y es difundido hacia el lector. El  pensamiento, el alma del escritor, ha tomado carne y cuerpo en el objeto que es el libro. Luego el libro es difundido, divulgado para encontrar en el lector el pensamiento compartido. Nos estamos refiriendo, sin duda, a la magia que representa la comunicación y que hace del editor un brujo que maneja las palabras de otro.

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