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jueves, 30 de marzo de 2017

EL MENSAJERO





En febrero de 1928 apareció publicado en la revista Weird Tales uno de los más conocidos relatos de Lovecraft, La llamada de Cthulhu. Cuando un periodista del diario Providence Journal, llamado Bertrand Kelton Hart (1892-1941), natural de Concord (Massachusetts), y cuya tumba podéis ver en este enlace, quien publicaba una columna diaria llamada The Sideshow, leyó el relato, descubrió con asombro que el domicilio de uno de los protagonistas del cuento, el escultor Henry Anthony Wilcox, que sufre unas visiones de la isla sumergida de R´lyeh, el número 7 de Thomas Street de Providence, el famoso edificio "Fleur de Lys", sobre el que escribí en esta entrada, coincidía con su propio hogar. Hart publicó el siguiente comentario en su columna The Sideshow, donde prometía, en tono jocoso, encargarse personalmente de visitar al señor H.P. Lovecraft tras su muerte:
No me sentiré satisfecho hasta que, uniéndome en alianza con los espectros y los ghouls, haya hecho descender por lo menos a un gran fantasma a modo de represalia sobre su umbral (el de Lovecraft) en la calle Barnes. Creo que eso le enseñará a gemir en una disonancia menor cada madrugada a las 3 en punto, con el chillido de cadenas.
 Lovecraft se enteró de esa exagerada venganza, y a finales de 1929 le dedicó al periodista un curioso poema que, de hecho, también se publicó en Providence Journal, el mismo en el que trabajaba Hart. Se titula El mensajero (The Messenger); y explora la posibilidad de esa inquietante visita de ultratumba anunciada por el periodista. Bajo estas líneas tenéis el poema original en inglés, y su traducción al castellano.
É
19
The thing, he said, would come in the night at three
From the old churchyard on the hill below;
But crouching by an oak fire’s wholesome glow,
I tried to tell myself it could not be.
Surely, I mused, it was pleasantry
Devised by one who did not truly know
The Elder Sign, bequeathed from long ago,
That sets the fumbling forms of darkness free.
He had not meant it—no—but still I lit
Another,lamp as starry Leo climbed
Out of the Seekonk, and a steeple chimed
Three—and the firelight faded, bit by bit.
Then at the door that cautious rattling came—
And the mad truth devoured me like a flame!


La Cosa, dijo él, por la noche vendría,
Desde el viejo camposanto sobre la colina,
Agachado frente al rubor de un fuego de robles
Traté de decirme que aquello no podía ser.
Seguramente, reflexioné, esto es una burla,
Urdida por alguien que desconoce sin dudas
El Signo Mayor, legado de antigua solemnidad,
Que libera las formas que hurgan en la oscuridad.

Él no quiso afirmarlo, no, pero igual encendí
Otra lámpara, mientras el estrellado Leo
Remontaba el río, la llama chispeó como un deseo,
Y la luz de la lumbre se deshizo, lento, muy lento.
¡Entonces en la puerta, de la cautelosa agitación vino,
Y la Verdad demencial me devoró como una llama!
 

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