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viernes, 20 de enero de 2017

CUANDO LOVECRAFT PENSÓ EN SUICIDARSE




En 1904, en plena adolescencia, un periodo de la vida en el que se producen numerosos cambios, varios sucesos golpearon la vida de Lovecraft, cuando tenía apenas 13 años. El 28 de marzo de 1904 falleció a los 71 años su abuelo Whipple van Buren Phillips, al que el joven Lovecraft se encontraba muy unido, y la fortuna familiar se redujo de tal manera que la familia del escritor se vio obligado a dejar su hogar, una casa que éste amaba por ser el lugar donde nació y se crió, como podéis leer en esta entrada, y trasladarse a otra casa más modesta, lo que le afectó tan profundamente que llegó a plantearse el suicidio. En la larga carta autobiográfica a su amigo Reinhart Kleiner del 16 de noviembre de 1916, Lovecraft refirió lo siguiente:

Se acabaron los preceptores: la escuela secundaria, el próximo septiembre, sería probablemente un espantoso aburrimiento, ya que no se puede ser tan libre ni estar tan a gusto como durante las breves temporadas de la vecina escuela de Slater Avenue...¡Maldita sea!¿Por qué anularé la conciencia enteramente?La vida toda del hombre y del planeta no es más que un segundo cósmico, así que no perdería demasiado. El metodo es la única dificultad. No me gustan los finales sucios y los dignos son difíciles de encontrar. Los venenos realmente buenos son difíciles de conseguir...Los de mi laboratorio químico (restablecí esta institución en el sótano de la nueva casa) eran indigestos y dolorosos. Las balas eran ruidosas e inseguras...Bien, lo que más me tentaba era el cálido, poco profundo y rojizo río Barrington, en la parte oriental de la bahía. Solía ir allí en bicicleta por el deseo de alejarme lo más posible de casa, ya que me recordaba el hogar que había perdido. Qué fácil habría sido vadear entre los rápidos y dejarme caer boca abajo en las cálidas aguas hasta hundirme en el olvido. Habría sufrido un gorgoteo y un ahogo desagradables al principio; pero habría terminado enseguida. Luego, la larga y apacible noche de la no-existencia...de la que había disfrutado desde el mítico comienzo de la eternidad hasta el 20 de agosto de 1890.
Sin embargo, esta idea del suicidio se vio truncada por una tendencia de la naturaleza del joven Lovecraft: la curiosidad intelectual. Como escribió en la carta mencionada de 1916:

El río Barrington.


Y no obstante, ciertos elementos—particularmente la curiosidad científica y un sentido del drama del mundo—me lo impedían, había muchas cosas en el universo que me engañaban, pero sabía que podía encontrar las respuestas en los libros si vivía y estudiaba más. Por ejemplo, la geología. ¿Cómo cristalizaron y emergieron exactamente estos antiguos sedimentos y estratificaciones en montañas de granito? La geografía, ¿qué encontrarían exactamente Scott y Shackleton y Bordigrevingk en el gran Antártico blanco, en sus próximas expediciones,que yo llegaría—si quería vivir—a ver descrito? En cuanto a la historia, si pensaba en mi desaparición sin aprender nada más, me sentía incómodamente preocupado por lo que no sabía. Había lagunas tentadoras en todas partes. ¿Cuándo dejó la gente de hablar en latín y empezó a hablar en italiano y en español y en francés? ¿Qué sucedió durante la oscura Edad Media en aquellas regiones del mundo distintas de Inglaterra y Francia (cuyas historias conocía)? ¿Qué, en los inmensos abismos del espacio, más allá de todas las tierras familiares: las regiones desérticas a que aludieron Sir John Mandeville y Marco Polo...Tartaria, el Tíbet?...¿Qué en la desconocida África? Yo sabía que muchas cosas que eran misterios para mí no lo eran para otras personas. No me sabía mal mi falta de respuestas porque esperaba saber algún día...pero ahora que se presentaba la idea de no saber nunca, la circunstancia de la curiosidad frustrada se me hacía fortificante. Y lo mismo en matemáticas.¿Podría morir propiamente un caballero sin haber demostrado sobre el papel por qué el cuadrado de la hipotenusa de un triángulo rectángulo equivale a la suma de los cuadrados de sus catetos? Así que, por último, decidí posponer mi final hasta el verano siguiente.
Así pues, fue la innata curiosidad de Lovecraft, su deseo de ampliar sus conocimientos y resolver sus muchos interrogantes acerca de decenas de materias y ciencias lo que le llevó a no quitarse la vida en una fecha tan temprana como 1904.

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