domingo, 25 de abril de 2021

EL CRIMEN DEL ROL DE 1994 Y LOVECRAFT

 


El asesino, Javier Rosado.



En 1994, tuvo lugar en Madrid un crimen que sacudió el país, el llamado Crimen del rol, y que provocó que muchos medios de comunicación relacionaran los juegos de rol con conductas criminales. En la madrugada del 30 de abril de 1994, Carlos Moreno, un empleado de limpieza de 52 años, fue asesinado en Madrid en una parada de autobús de la calle Bacares por dos jóvenes: Javier Rosado, de 21 años y Félix Martínez Reséndiz, de 17 años, que en realidad habían seguido las instrucciones de un macabro juego inventado por el propio Rosado, llamado Razas, que consistía en buscar a alguien de determinadas características para asesinarle. La noticia del macabro asesinato se extendió entre los medios de comunicación: un artículo denominado Una Necrosis similar,​ escrito por Rafael Torres y publicado por el periódico El Mundo el 9 de junio de 1994, afirmaba que estos juegos producían «necrosis fulminantes en los tejidos de la cabeza y del corazón, aparte de desprecio por la realidad e ignorancia», afirmando además que promovían la psicopatía. No se tomaron en cuenta las declaraciones del propio Javier Rosado, que fue condenado a 42 años de prisión por el crimen, en las que declaraba no tener interés por el juego de rol: El rol me repugna. Sólo he jugado a Razas. Es un juego inventado por mí, en el que no interviene el azar. Por eso se juega sin dados. Es un juego de estrategia. El tiempo no existe, el acto carece de importancia, eso da igual, la persona carece de importancia. A pesar del artículo mencionado y de otros artículos aparecidos en otros medios, hubo algunos investigadores como el periodista Carlos Berbell y el criminalista Salvador Ortega que excluyeron la responsabilidad de los juegos de rol en el crimen, defendiendo la hipótesis de que Javier Rosado era un asesino frío y sin remordimientos ni conciencia, que no había sido influido por ningún otro factor. Por otra parte, tanto la familia de Carlos Moreno como el Tribunal Supremo rechazaron la hipótesis del juego de rol para enmascarar la psicopatía de los asesinos. 

Como un dato circunstancial, que nada tiene que ver con el crimen en sí mismo, se menciona que, entre las aficiones de Javier Rosado, se encontraban los relatos de Lovecraft, algo que no resulta nada extraño en un joven al que le gustaba la fantasía y la ciencia ficción. En un artículo del periódico El País del 14 de agosto de 2017, titulado ...Y mato porque me toca, de Francisco Peregil, en una serie de artículos extraídos del libro Los sucesos de EL PAÍS, publicado en 1996 como parte de la conmemoración de los 20 años del diario, en el que se rememoraban los crímenes más famosos de la historia reciente del país, y que podéis leer en este enlace, se dice lo siguiente, al narrar el primer encuentro entre ambos asesinos en 1990 en un campo de fútbol del barrio madrileño de Chamartín:

Javier gritaba en las gradas varios nombres pero, para sorpresa del chiquillo, aquel tipo encorvado no sabía jugar al Rol. El chasco duró sólo un segundo, porque las palabras del otro llevaban un significado aún más atractivo y profundo que el del simple juego: eran nombres, pasajes, del gran novelista de literatura fantástica H. P. Lovecraft, el genio de principios de siglo cuyos relatos de tumbas, castillos temblorosos, sueños, monstruos y nieblas llegan cargados de frases tipo: «Los hombres de más amplio intelecto saben que no existe una verdadera distinción entre lo real y lo irreal; que todas las cosas aparecen tal como son tan sólo en virtud de los frágiles senti­dos físicos [...]». H. P. Lovecraft, la pasión confesa de Javier. (...) Durante una convalecencia por lesión en una pierna, Félix le lle­va un juego del rol y Javier aprende a jugar. Al poco tiempo el en­fermo crea Razas, un juego basado en el rol. La humanidad se divide en 39 razas o arquetipos que él ha inventariado basándose en personajes y nombres novelescos prestados por Lovecraft. Las razas, diría Javier, son ideas humanas llevadas al extremo. La raza 37 corresponde a los psicólogos, la 25 a las mujeres, la 22 al hombre, la 1 al bien y la 7 al mal.

Entre el material incautado por la policía, había revistas y libros sobre ciencia ficción, terror y fantasía.

                                                                                  

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