A lo largo de su vida, reflejado sobre todo en sus cartas, Lovecraft apenas mostró interés por los deportes de su época, sobre todo los más populares en Estados Unidos como el rugby, el beisbol o el baloncesto, entre otros. Ni fue aficionado a practicarlos ni tampoco seguía las retransmisiones por prensa o por radio. Ahora bien, en alguna ocasión, llegó a hacer comentarios sobre algún tema deportivo, sobre todo en sus largas conversaciones por carta con su buen amigo Robert Howard. Un ejemplo claro lo encontramos en este fragmento de una carta a Howard del 26 de diciembre de 1931, que dice así:
Lamento que el partido entre Texas y Harvard [los dos equipos de rugby de dichas Universidades eran los dos más importantes del país en la década de 1930] haya sido una decepción para las esperanzas del suroeste. Mi falta de interés en los juegos, tanto sedentarios como deportivos, es un fenómeno bastante curioso dada la amplia difusión del instinto competitivo. Disfruto la idea de grandes conflictos de fuerza cuando son naturales, no premeditados, e involucran cuestiones históricas reales, pero mi capacidad simbólica parece ser demasiado débil para generar en mí una emoción comparable a la de los combates aislados o artificiales representados por los deportes. Pensaría que mi mala salud temprana tuvo algo que ver, si no fuera porque mi indiferencia hacia los juegos sedentarios es igual de grande. Un partido de fútbol americano entre Brown y Dartmouth y un concurso de bridge entre Lenz y Culbertson me dejan igualmente indiferente. Gracias por el recorte, que sin duda revela un ambiente pionero vigoroso y sin restricciones. Es difícil creer que tales espíritus fronterizos existieran hace tan solo 20 años; sin embargo, supongo que es realmente solo el período inmediatamente posterior a la guerra el que estandarizó y atenuó tanto a todo el país.



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