lunes, 19 de septiembre de 2022

LOVECRAFT VIAJA EN EL 20

 



El pasado 7 de septiembre, en el periódico español La Voz de Galicia, dentro de su columna "Crónicas Coruñesas", la periodista gallega Antía Díaz Leal, jefa de informativos de Radio Voz y colaboradora de este periódico, escribió un artículo titulado Lovecraft viaja en el 20. Es un texto en el que habla sobre una edición de relatos de Lovecraft (en concreto, En la cripta, publicado por Alianza Editorial en 1980, con ocho relatos del escritor estadounidense) que encuentra en una mesa del auditorio del Fórum Metropolitano de La Coruña, en una iniciativa que llevan a cabo desde hace bastantes años muchas ciudades de España, por la que se van dejando libros de segunda mano en lugares públicos y los ciudadanos los van cogiendo para leerlos y vuelven a dejarlos una vez terminados, llegando así a muchas personas. Podéis leer el texto tanto en este enlace, como bajo estas líneas:

Junto a la puerta del auditorio en el Fórum Metropolitano hay una mesita pegada a la pared. Sobre ella, algunas revistas, folletos y, desde hace un par de semanas, una vieja edición de cuentos de H. P. Lovecraft. Un librito pequeño de Alianza Editorial titulado En la cripta. En la primera página, un pequeño pósit mencionaba otro libro (¿de Michael Crichton, de Tom Clancy tal vez?), y hasta ahí llegaban las huellas del antiguo propietario, quién sabe si el dueño original.

Sobre la mesa del Fórum, un cartel indica que una puede llevarse lo que quiera de allí. Así que mientras espero la salida del retaco del campamento, comienzo la primera y aterradora historia de fantasmas que me enganchará a Lovecraft y su alucinante universo durante los días siguientes. Descubro el pavor que puede provocar el aire frío y los colores que llegan del espacio, conozco por fin a ese demoníaco Cthulhu de nombre impronunciable, los rebuscados adjetivos con los que el escritor americano salpica cada párrafo. El libro viaja en mi bolso cada mañana, se asoma a la línea 20 camino del trabajo y al café del desayuno. Y termina unos días después en la misma mesa donde lo encontré. Es un miércoles. El jueves, cuando regreso a por el crío, compruebo que ya no está allí. Lovecraft viaja ya en otras manos por la ciudad adelante, y me gusta pensar que un pedacito de los que hemos leído ese viejo libro va ahora en otro bolso, en un bolsillo, en otro bus, reposa en otra cocina junto a las tostadas.

(En casa aguarda desde hace un año un tomo inmenso con la obra completa de Lovecraft que aún no he sido capaz de abrir. Tapa dura y lujosas ilustraciones frente a un librito humilde y de páginas amarillentas que ha resultado ser más tentador).

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