domingo, 3 de mayo de 2020

LOVECRAFT Y LA NOVELA "ETIDORHPA"





En 1918 Lovecraft leyó una extraña novela alegórica fantástica que se convertiría en una obra de culto: Etidorhpa o El fin de la Tierra (Etidorhpa or The End of The Earth ), publicada en 1897 y escrita por el farmacéutico estadounidense John Uri Lloyd (1849-1936), una obra un tanto peculiar que inició la absurda creencia en la Tierra Hueca, que sostiene que el interior de nuestro planeta alberga avanzadas civilizaciones extraterrestres. En la obra, Llewyllyn Drury (quien se autodenominaba 'el custodio del manuscrito') relata cómo llegó a tenerlo en sus manos, afirmando que no era de su autoría sino que había aceptado, de su verdadero autor, las condiciones para publicarlo, añadiendo tan solo los acontecimientos que lo llevaron a su custodia, y posterior publicación. Treinta años después John Uri Lloyd sería el encargado de publicarlo. La compleja trama de Etidorhpa relata la existencia de una antigua sociedad secreta, y en el manuscrito Yo—Soy—El—Hombre Que—Lo—Hizo (un extraño personaje que contacta con el autor),  a raíz de circunstancias relacionadas con esta antigua sociedad secreta, debe abandonarlo todo y se inicia en el mundo de la Tierra Interna. Un acompañante bastante peculiar lo conducirá hasta una cueva de Kentucky, donde se encontrará con un extraño guía, de apariencia no humana, que lo llevará en un viaje fantástico a través de la Tierra Media y hacia el País Desconocido (La Tierra Interna). Algunas de las sorprendentes y esotéricas ideas reflejadas en esta novela influyeron en ciertos detalles de los relatos de Lovecraft, como las entidades subterráneas mencionadas en La búsqueda onírica de la desconocida Kadath, o la descripción de Nyarlathotep como un dios loco sin rostro en Las ratas en las paredes: hacia el final, el narrador señala que las ratas parecen "decididas a que las siguiera hasta aquellas intrincadas cavernas del centro de la tierra donde Nyarlathotep, el enloquecido dios sin rostro, aúlla a ciegas en la más tenebrosa oscuridad a los acordes de dos necios y amorfos flautistas". Una imagen inspirada sin duda por el ser humanoide y sin rostro que conduce al protagonista de Etidorhpa al centro de la Tierra.

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